Gorda Impresionante

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Volverla una ninfómana

Hola queridos amigos, estoy de nuevo aquí, sentado al frente de mi computador, relatando las experiencias con mi gorda, la verdad es que no he podido avanzar mucho, en mi objetivo de volverla una ninfómana del sexo, que le guste más que cualquier otra cosa, pero en fin, allí marcho, con espontáneos momentos de lujuria de ella y luego igual. Pero poco a poco hasta que consienta o nuestra relación se acabe; porque de verdad, a veces me molesta, esa vacilación, ya tengo 11 años en este deseo, el cual, quiero que de una vez por todas se finiquite.
Les cuento que me han escrito, una buena cantidad, de gente, de todas partes del mundo, queriendo ayudarme, he hecho, casi todo lo que me han dicho, pero nada sigue actuando de igual manera, con una que otra cosa por allí, eso me tiene a punto de reventar, leo los relatos que escriben, chicas, en esta página, en la que cuentan como la pasan de bien, con sus esposos, como comparten, y experimentan muchas cosas juntos y la gozan, “que envidia”.
Bueno después de contarles un poco mis desesperaciones cotidianas, les contaré lo de la otra tarde, unas de las pocas que la gorda se portó como nunca, le dije: que se arreglara que daríamos una vuelta, como a eso de las 10 de la mañana, quería salir en el día, ella me respondió: que fastidio otra vez a dar vueltas sin rumbo, en seguida le respondí: ¿de qué cambio hablas, cada vez que me prometes cambiar, que serás una putica, que concebirás todo lo que yo te pida? Así seguimos discutiendo, hasta que se hizo, el medio día del domingo; yo estaba energúmeno y dije: que saldría solo, ella de inmediato cambió de actitud y me dijo: bueno, espera, me coloco el vestido y salimos, le dije: de ninguna manera, yo no voy a salir, con alguien que me quiera dañar el rato, ella, me respondió: por favor, haré lo que me pidas, te demostraré que soy tu putica.
Me hice del rogar un rato y luego le dije: bueno, te llevaré, pero me tienes que demostrar que eres una putica de verdad, ella me dijo: ¡bueno! Se dio un baño, se pintó los labios, con un rojo fuerte, sus ojos, todo su rostro, quedó divina cual puta callejera, se colocó un poco de aceite en su entrepierna, loción; me dijo: ¡listo! De verdad parecía la más vulgar puta, estaba hermosa y provocativa, nos subimos al auto y salimos rumbo al norte, que es donde más me gusta, pero en el camino al norte, se me sobrevino una idea a la cabeza, que mejor ir al centro donde se encuentran ubicados, los teatros porno de esta ciudad, cogí la calle 9 hasta la tercera, por allí en los sótanos, de esos edificios, subsisten varias salas de video porno, que por lo general son gay, pero también asisten heteros y una que otra pareja.
Por ser domingo las calles estaban solas, dejé el auto en un parqueadero, diagonal, al cine y nos dirigimos a la sala xxx. El chico, del parqueadero no le despegaba el ojo, la miraba por todas partes, cuando salimos caminando, salió él, detrás hasta la puerta, a reparar esa gorda, lo pude ver por el vidrio del frente; el vestido a medidas de que la gorda camina se sube y deja ver, los vértices de sus posaderas, eso me comenzó a deleitar, bajamos por las escalas, hasta el sótano, compramos las entradas, abrimos el cortinón e ingresamos a la sala, esperamos entre tanto se nos acostumbraba la vista a la oscuridad del sitio, estaba bastante oscuro y tardó algunos minutos para poder empezar a ver las sillas del lugar, nos quedamos en las escalas, a la entrada de la sala, sostenidos de unas barandillas, que hay al bajar, yo podía ver algunas sombras que nos asediaban, la gorda me abrazaba y se mostraba algo nerviosa.
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Gorda tetuda y con coletas

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Mi chica favorita está gorda

Es mi primer año en la universidad. No soy atractivo. Metro setenta, velludo como un oso, miope… como mi padre es agricultor, al trabajar habitualmente en el campo, mi físico es de cuello corto y espaldas anchas, brazos y piernas fuertes, la piel oscura quemada por el aire y el sol. Reconozco que soy poco hablador, pero se me dan bien los idiomas y todos están de acuerdo que soy un buen aprendiz de cocinero. Hasta hace unos meses yo era un virginal y vigoroso chico de campo recién llegado a una gran ciudad.
Ella estudia filología hispánica, mide dos dedos más que yo, tiene el cabello castaño cortado por encima de los hombros, ojos grandes, sonrisa inmensa entre unos labios esbeltos, piel rosada, carnosos pechos, inmensos, caídos por el peso y coronados por unos pezones gruesos que apenas sobresalen de unas grandes aureolas, barriguita desbordante acabada en un culo grande que se mueve de un lado a otro al caminar. En resumen, preciosa de cara y con quince kilos de más (opinión de mi compañero de piso).
Era en un café, donde yo intentaba con la ayuda de un té cargado repasar los apuntes de una clase de esa mañana. A mis espaldas ella conversaba con algunas amigas y el tema era “los hombres y el sexo”; todas hablaban con absoluta familiaridad de los dos temas e incluso se pavoneaban de algunas hazañas, ella compartía las risas, pero apenas aportaba algo. En un momento dado empezaron a interrogarla poco sutilmente sobre su “experiencia” sobre esos temas a lo que ella respondió con un lacónico:
- A qué hombre le puede gustar una gorda como yo? No sé porqué dije lo que dije, pero en ese momento sólo sé que me salió del alma. Sin pensarlo. Inconscientemente.
– A mí. Por ejemplo.
Todas estallaron en risas menos ella que se quedó petrificada. Me giré intentando no parecer aburrido, pero tampoco excesivamente interesado en su conversación.
– Tiene una cara preciosa, unas tetas y un culo interesantes, eres divertida, no estás obsesionada por las tallas o el maquillaje Eres diferente. Volvieron a reírse. Ella estaba desconcertada.
- No es como esas tablas muertas de hambre con pechos, pendientes hasta el aburrimiento de todo y en todo momento… Mi maquillaje, mi figura, mi comida, mi ropa…
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Gorda Pechugona

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Pierre la gorda y yo

A Pierre lo vi por última vez hace unos seis meses, más precisamente en diciembre. Lo llamé para saludarlo por su cumpleaños y a los pocos días me dijo que fuera a su casa. Estaba solo, su familia había salido, me hizo pasar como tantas otras veces a la piecita donde tiene la computadora. Ni bien entramos me empezó a tocar la bragueta y yo le hice lo mismo a él.
Encendió la computadora y me mostró unas cuantas páginas con mujeres desnudas y travestis para excitarse mirando esas fotos, mientras yo me quitaba la ropa me pajeaba a su gusto. Me senté en un sofá que allí tienen y me dediqué a hacerle una mamada de verga. A esa verga que extrañaba porque hacía varios meses que no me invitaba a disfrutarla. Con su mano jugaba con mi pija, la cual era pajeada por su experta mano que de vez en cuando se deslizaba hasta mis huevos.
Miraba las fotos en la pantalla y con la otra mano manejaba el mouse para ir cambiando las imágenes. Como a él le encanta que le metan el dedo en el orto mientras se la chupan o lo pajean, así lo hice hasta que mi cabeza quedó entre sus piernas y mi lengua se fue acercando a ese orto en el cual estaba mi dedo introducido. Como no dijo nada, seguí avanzando y por primera vez le hice una lamida de orto sensacional, tanto me excitó que mi pija ayudada por su mano empezó a largar sus chorros de leche. El terminó pajeándose al sentir que mis dedos y lengua hurgaban su entrada posterior hasta que su pija expulsó una considerable cantidad de semen sobre la alfombra de esa habitación.
Como tantas veces terminada la sección nos despedimos sin ningún comentario de lo que habíamos hecho. Pasaron los meses, en los cuales me dijo que su pareja había vuelto de Francia y que lo nuestro no tenía más futuro. A los pocos meses me llamó nuevamente diciéndome que andaba olvidado de él que no lo había llamado más y reproches por el estilo. Lo que había sucedido era que se peleó con su pareja y ella retornó a su país. Al estar solo quería reanudar las fiestas que tantas veces habíamos tenido, pero conmigo solo no quiso, quería incluir a una chica o a un travesti porque me dijo que conmigo solo no se excitaba y me dio a entender como en tantas otras oportunidades que no le interesaban los hombres.
No concretamos nada, porque no había una tercera persona en vista. Nuevamente pasaron los meses y me llamó diciéndome que había encontrada a una señora cuarentona del interior que venía una vez por semana a Montevideo y le había planteado sus intenciones de tener un encuentro con ella y yo. A los pocos días me habló de otra más joven, pero no pasó nada… Ayer me fue a buscar al cyber, y de casualidad me encontró porque yo acostumbro ir un par de horas más tarde, pero ese día no podía ir en mi horario habitual. Me planteó que tenía a una chica en el auto, la había conocido hacía unos quince minutos, que era gorda, en fin me dijo que me esperaban en el auto. Terminé de contestar mis E-Mails y como a los cinco minutos salí.
No veía el auto por ningún lado, recorrí una cuadra y allí no estaba, había estacionado una cuadra para arriba del cyber y yo salí para el otro lado. Busqué hasta que los encontré. Subí, nos presentó. Y la gorda que me había dicho era realmente gorda, espantosa. Desde el asiento trasero no la veía bien, pero realmente era deforme. Tomó por una calle hacia el Palacio Legislativo y de allí hacia la derecha para ir hasta un hotel de alta rotatividad. Todo el camino ella fue con la mano en su verga, me decían que mirara y yo miraba como tenía el pantalón muy abultado, por los masajes de la mano de la gorda, que me dijo el nombre, pero no lo entendí así que ni idea tengo de como se llamaba.
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Gorda jugando con consolador

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